POR QUÉ TENEMOS BAJA AUTOESTIMA

¿Baja autoestima o todavía crees en ti? Hay que matizar en qué aspecto se suele tener la autoestima baja. Normalmente suele ser en lo personal, en la relación con los otros donde más se externaliza el sentimiento de baja autoestima. “nadie me quiere” “no gusto lo suficiente” “no soy lo suficientemente atractivo para las personas” “no me veo capaz de cambiar” “me cuesta dejar de ser tímid@” “no tengo confianza en mi” “me falta valor” “soy incapaz de tomar decisiones”.

Si analizamos cada una de estas frases y muchas más que se nos podrían ocurrir, vemos que en todas ellas hay una “seguridad”, es decir, la persona cree realmente en lo que dice. Podemos decir entonces que no es inseguro sino que está muy seguro de lo que dice. Por lo tanto, vamos hablar de “falsa inseguridad” porque para el psicoanálisis, el carácter inseguro o la baja autoestima, tiene una raíz inconsciente.

La raíz inconsciente de la baja autoestima, tiene que ver con que el niño y la niña, en un momento de su infancia donde se compararon con los padres o fueron comparados con sus hermanos y esa imagen a veces ideal que los niños tienen de los padres, hermanos o primos, son el motivo de verse inferiores frente a personas que en la etapa infantil los consideraron superiores a ellos.

Detrás del sentimiento de inseguridad, siempre hay una comparación con algo o alguien pero desde la etapa infantil y que no se ha logrado superar o madurar. El adulto inseguro, no deja de ser un niño a nivel inconsciente sobre el que todavía le pesa la comparación que en algún momento de su infancia se hizo o hicieron sobre él. Frente a un padre, una madre, unos hermanos o primos considerados superiores a él, el adulto inseguro se sigue sintiendo ese niño que en su infancia se “quedó pegado” a la fotografía de las personas que él consideró superiores.

Esta lectura que hace el psicoanálisis, se baja en criterios clínicos. Cuando una persona decide ir a la consulta de un psicoanalista, para resolver su inseguridad o baja autoestima, analizando los modelos infantiles idealizados, podemos lograr “separar” a la persona de la fotografía infantil familiar a la que “sigue pegado” y desde ahí, lograr madurar ese aspecto infantil de la personalidad para que logre ser un adulto, seguro de sí mismo y no un niño tembloroso ante la vida.

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