La Ciencia de la Sexualidad. El nacimiento de los celos

En la clase anterior hablábamos que la primera experiencia de placer tenía que ver con la ingesta del alimento a través del pecho materno o en su caso, la acción de comer llevada a cabo por la figura materna. Dijimos que la boca, quedaba erotizada pues el niño asocia comer con placer, bienestar y así mismo, los labios, el acto de chupetear se convierte una fuente de satisfacción.

Decimos que el niño ve a la madre como un todo completo, lo que quiere decir que ella es en sí misma la fuente completa de su bienestar y placer.

De aquí observamos que todo aquello externo a la madre que tiende a interrumpir la unión con ella, para el niño será fuente de displacer y malestar.

Según el niño va creciendo, observa que la madre se ocupa de ir a trabajar, atender a su hermanos, compartir tiempo con el padre… toma noción de que a parte de él existen personas y situaciones externas a las que la madre tiene que prestar atención.

Este momento es fundamental porque aparecen dos sentimientos muy ligados y son los celos y a la vez el odio.

El hecho de tener que compartir las atenciones de la madre con otros miembros de su familia, hace que se despierte el sentimiento de los celos. Los celos van asociados a la posesión y a la pertenencia. Es algo que todo niño siente en algún momento de su vida pero cuando se da cuenta que la madre no es totalmente de ella, se desencadena el sentimiento de los celos y simultáneamente el sentimiento del odio contra todo aquello que se le separa de la madre.

Este momento es fundamental para todo ser humano, porque dependiendo de la vivencia de los celos, del grado de unión que el niño tenga con la madre, así como de la tolerancia que la propia madre tiene hacia los celos del hijo, estos serán mas fuertes o menos fuertes.

Unos celos muy arraigados al sentimiento de posesión despertarán en el niño un sentimiento de odio mayor.

Los padres pueden amortiguar dicho sentimiento de celos en el niño enseñándole y educándole a compartir pero lo que es cierto es que dicho sentimiento ya perdurará en él para toda la vida y podemos observar que los celos no maduran prácticamente nada, lo que quiere decir que en el adulto se manifestarán de la misma manera que en el niño. El odio asociado a los celos, así como el sentimiento de posesión tendrán las mismas característica en el adulto que en el niño.

Cualquier celo que el adulto sienta, siempre le recordarán de manera inconsciente los primeros celos que experimentó hacia la figura materna

 

 

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