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En toda obsesión hay dos elementos: una idea que impone a la persona y un estado emotivo asociado a la idea impuesta, que puede ser angustia, duda, remordimiento, cólera. En muchas obsesiones el estado emotivo es lo principal que puede mantenerse inalterado, variando en cambio la idea a él asociada. Por ejemplo, tener un sentimiento de remordimiento y cambiar la idea. Por ejemplo sentirse mala persona con los hermanos, los amigos, los compañeros. Cuando psicoanalizamos este sentimiento, generalmente encontramos motivos que lo justifican. Lo interesante es que el estado emocional se mantiene en el tiempo pero la idea sobre la que cae la obsesión no es la idea original, sino una idea que sustituye a la misma. El psicoanálisis muestra que el obsesivo siempre se reprocha algo que vivió, realizó, un hecho, un acto del cual luego se arrepintió y que trató de olvidar y borrar tratando de sustituir lo que hizo por otras ideas por las cuales sufre ahora. Digamos que la obsesión, cuanto más absurda es, más desvía la atención de la idea principal que el obsesivo no quiere recordar. Tenemos el ejemplo de una mujer que tenia de obsesión de tirarse por la venta, de clavarle cuchillos y tijeras a su hijo. Esta mujer tenia insatisfacciones en su matrimonio y luchaba contra deseos e ideas sexuales que surgían en ella cuando se relacionaba con otros hombres. Recordar entonces que la obsesión, cuanto mas absurda es mas tapa la verdadera causa productora del conflicto. El obsesivo tiene un conflicto consigo mismo, es decir, con sus deseos.

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