¿QUÉ ES EL SOMETIMIENTO O LA SERVIDUMBRE SEXUAL?

Con esta expresión, designamos la conducta de una persona que llega a depender extraordinariamente y de manera patológica de otra con la que mantiene relaciones sexuales.

Este tipo de servidumbre, se da tanto en hombres como mujeres y pueden alcanzar grados extremos de pérdida de toda voluntad propia así como sacrificar numerosos intereses personales.

La causa tiene que ver con el goce extremo que las relaciones sexuales con la otra persona otorgan. Aparece tanto en la mujer como en el hombre. Se observa una mayor porcentaje de frecuencia en mujeres aunque actualmente, ha aumentado entre los hombres y las cifras hasta ahora analizadas prácticamente se asemejan.

Por norma general, cuando un hombre tímido, de escasos recursos y experiencias sexuales, el hecho de descubrir el sexo placentero con una mujer con la que logra liberar su timidez y dar libertad a sus fantasías sexuales, hace que aumente la ligazón sexual hacia ella. Digamos que le “ha curado” de su represión sexual y el descubrimiento del goce como hasta ahora no había sentido genera lo que llamamos la servidumbre sexual. Ese hombre que hasta ahora no pudo mantener relaciones con mujeres, el hecho de poder llevarlo a cabo genera una absoluta dependencia sexual hacia ella.

En la mujer es frecuente ver que si padece de anestesia sexual, falta de orgasmo, inhibición al acto y represión extrema de sus deseos sexuales, ante el hecho de hallar un hombre con el que descubre el orgasmo, se desinhibe de su represión sexual y disfruta del goce del que nunca disfrutó, le genera una extrema dependencia hacia la figura de su pareja.

Observamos que el goce sexual es una especia de droga. Las personas llegan a ser tan dependientes que son capaces de ceder a su voluntad,  someterse a las peticiones del otro, antes que perderlo. Aquí observamos que las primeras experiencias sexuales cuando con displacenteras, se genera por regla general un rechazo al sexo pero al contrario, cuando son extremadamente placenteras, la persona llega a perder el control de la voluntad y es capaz de someterse a la voluntad del otro hasta grados que puede llegar a rozar la humillación o esclavitud. Sin embargo, paradójicamente, la persona que padece de servidumbre sexual no muestra malestar alguno con respecto a su comportamiento. Lo único que no quiere es perder el goce sexual y está dispuesta hacer todo lo que haga falta con tal de no perderlo.

La servidumbre sexual tanto en el hombre como en la mujer, pueden llevarles hasta un grado extremo de perdida de la personalidad y ante el temor de perder al otro, se terminan sometiendo a la personalidad de la parte contraria,  que bien sabe que el goce sexual o la dependencia sexual del mismo tiene que ver con el poder que él o ella les ha otorgado

En algunos casos encontramos relaciones donde ella ejercer el rol dominante y el hombre el dominado. También observamos el caso contrario, donde la mujer, bajo la servidumbre sexual del hombre, adopta un papel sumiso para no perder los favores sexuales de él, siendo entonces el hombre quien ejerce un papel dominante en la relación.

Dominación no es sinónimo de maltrato, ya que no en todas las parejas (homosexuales, heterosexuales ) donde existe la servidumbre sexual la dominación va unida al maltrato.

Sí es posible encontrarnos la unión de la diada sumisión sexual y maltrato. Para ello deben coincidir otras constelaciones psicológicas que no entran dentro del estudio y exposición de este tema pero es cierto que la servidumbre sexual y amorosa, asociada a características sadomasoquistas en la constitución de la personalidad de ambos miembros de la pareja, hacen que se asocien con el maltrato mutuo.

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